07 junio 2010

Las dos caras de Nelspruit

Impresiona el estadio que albergará el debut de la "Roja" en el Mundial. Sin embargo, a unos metros del recinto hay mucha pobreza.

por latercera.com | 07.06.2010 - 07:06
 
Una calle es lo único que separa al imponente estadio de Mbombela con una población de Nelspruit. Impresiona el contraste. No hay nada que aminore la impactante realidad que por estos días le toca ver a la Selección y a los siete mil chilenos que llegaron a la ciudad sudafricana.
No hay que buscar mucho para encontrarse con este panorama. Lujoso, casi lúdico, es el recinto deportivo para 43 mil personas que construyó el gobierno local, con ayuda de la FIFA, y que albergará el debut mundialista de la "Roja" ante Honduras. Fueron 145 millones de dólares los que se invirtieron para construir este armatoste de cemento, con butacas individuales y con los máximos estándares de tecnología.
Sin embargo, esta belleza ya no impresiona a Thabo Mkhomazi, quien vive en una humilde villa contigua al estadio. Un conjunto de casas muy modestas, que ni siquiera tiene nombre. Lo que en Chile se llamaría un campamento. Desde ahí, él y un centenar de vecinos ven a diario, y casi obligados, la imponente cons-trucción. Y la sensación no es agra-dable. "De verdad es hermoso, pero mire cómo vivimos nosotros. Se hizo un gasto enorme y nosotros seguimos viviendo en la miseria", explica.
Contradictorio y doloroso. Los ojos de Thabo se humedecen cuando observa a sus tres hijos, Sorprisse (7 años), Shangi (6) y Huarrelo (4), co-rrer descalzos tras un balón.  "Cuando se anunció que íbamos a ser sede del Mundial fue una fiesta. Nos prome-tieron trabajo y lo tuvimos. Yo trabajé en la construcción del estadio, pero se acabó y quedé cesante. A veces, pienso que hubiese sido mejor invertir ese dinero en otra cosa", agrega.
Por la noche, la luminaria del estadio encandila la ciudad. Pero no alcanza a calentar a Elkin y sus amigos, que deben encender una fogata para defenderse de los cinco grados de temperatura que congelan el ambiente. "Es hermoso, es una gran obra…", es lo único que dice Elkin. En su silencio explica la contradictoria realidad que se vive en Nelspruit.

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