01 diciembre 2008

El arte del W.C. en Japón

Duncan Bartlett
BBC

Salón de muestras de Panasonic.
Los clientes potenciales de estos retretes modernos son personas de edad avanzada.
Ningún país toma tan en serio el baño como Japón.

Máquinas con asientos que ajustan su temperatura, bidés incorporados y un abanico de opciones para tirar de la cadena son omnipresentes en casas y edificios públicos.

En un poema publicado recientemente, un hombre asalariado y estresado captura su comfortante atracción al baño en un estilo haiku: "La única calidez en mi vida es el asiento del retrete".

Pero los lavabos aquí pueden hacer mucho más que mantener el calor. Hay uno que hasta envía pequeñas descargas eléctricas al usuario del inodoro para revisar su proporción de grasa en el cuerpo.

El maestro de las comodidades modernas es la empresa Panasonic.

Mercado en expansión

En su sala de exposiciones de Tokio, ubicada en un rascacielos cerca de la oficina de la BBC, un grupo de inteligentes mujeres jóvenes, vestidas con un uniforme que recuerda al de una azafata, me enseñó lo último en lo que a retretes se refiere.

Profesor japonés ofrece una clase sobre limpieza de baños.
La limpieza del baño no es un trabajo vergonzoso para los japoneses.
La tapa sube automáticamente a medida que me acerco. Si me pongo delante de uno, adivina cuál es mi sexo y levanta el asiento.

También hay un váter que se ilumina en la oscuridad y otro más allá que tiene altavoces incorporados.

Con unas manos de manicura, la chica maniobra el panel de control que está junto al asiento y una música clásica se empieza a escuchar.

Si bien es una música placentera, prefiero el efecto de sonido campestre que da la impresión de que uno está sentado en un trono de plástico blanco rodeado de cantos de pájaro en una pradera primaveral.

Kyoko Ishii, jefe de relaciones públicas de la empresa, me explica que la mayoría de las personas que escogen estos baños lujosos son mujeres de edad avanzada. Así que éste es un mercado en auge en un país que envejece rápido.

Kyoko aclara que para este grupo de consumidores no es una cuestión de aparatos modernos, sino más de conveniencia y limpieza.

El dispositivo puede costar unos US$3.000, instalación incluida. Pero no es fácil de venderlo fuera de Japón, pues los baños en otros países rara vez están equipados con la mezcla correcta de plomería sofisticada y electrónica.

Cultura limpia

Hace poco, un turista en Tokio me dijo que estaba sorprendido en ver cómo eran las mujeres japonesas, en vez de extranjeros, quienes estaban a cargo de limpiar los baños en los hoteles.

Anuncio de lavabos.
Anuncios sobre inodoros se publicitan en el transporte público de Tokio.
Normalmente son los inmigrantes quienes tienen esa responsabilidad en países ricos. Pero los trabajadores foráneos sólo representan el 1,5% de la población en este país.

Sin embargo, esto es sólo una parte de la explicación. Los japoneses no ven la limpieza como un trabajo degradante o del cual avergonzarse.

En las escuelas le enseñan a los niños a barrer el salón de clases y a recoger la basura de la zona de recreo.

Los conductores de los camiones lavan sus vehículos al final de la jornada. Y ningún restaurante sirve la comida sin que primero haya ofrecido al cliente una toalla para limpiarse las manos.

Hace poco visité una pequeña compañía de tecnología en Osaka. Su presidente, el señor Sugimoto, intenta inspirar a sus empleados a que trabajen duro en época de crisis.

Él es conocido por su entusiasmo, que se nota cuando me muestra en su portátil una impresionante presentación que incluye fotografías de su personal, de rodillas, fregando urinarios.

El asunto es que en la preparación de un nuevo proyecto, todo el equipo contribuyó a limpiar el sitio de trabajo, y esto era claramente tal orgullo que fue incluido en la publicidad de la empresa.

Fuente de comodidad

Los lavabos también pueden sacarte una sonrisa. Las comedias de televisión algunas veces incluyen bromas en las que personas son atraídas a baños cuyas paredes colapsan. La vergüenza que causa a la víctima es fuente de gran divertimento.

Los japoneses no parecen molestarse mucho cuando los comediantes recurren a la vulgaridad y bromean sobre temas escatológicos.

Aunque también hay un oscuro mercado de DVD sobre filmaciones en baños de damas con cámaras escondidas. La semana pasada, un hombre fue arrestado por plantar cámaras espías en un baño de niñas de un colegio.

Sin embargo, la mayoría de las veces a los japoneses les gusta pensar en el lavabo como un lugar amigable y cómodo.

El otro día, mientras tomaba el tren para ir al trabajo, un anuncio de los que pasaban en la televisión del vagón me dejó paralizado. Se trataba de una niña que cuando se acercaba al retrete éste la saludaba.

El aparato ofrecía una sonrisa robótica para dar la bienvenida, mientras que su asiento empezaba a iluminarse de naranja a medida que calentaba el asiento para que estuviera listo para la acción.

Afortunadamente el anuncio terminó allí... pero no antes de que una amplia y apreciativa sonrisa se dibujara en la cara de la niña.

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