27 enero 2009

El lenguaje como producto de la evolución cultural

de NeoFronteras de

Según un estudio, el lenguaje humano sería un producto de la evolución cultural en lugar de serlo de la evolución biológica.

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El lenguaje humano es único. Los humanos nos comunicamos entre nosotros gracias al él. No importa que éste sea oral o escrito, en español, inglés o chino. Usted lector que lee ahora estas líneas está usando las capacidades intelectuales que posee para descifrar el lenguaje y que así otro humano le pueda contar algo (espero que interesante). Pero, ¿cómo apareció el lenguaje? ¿Qué papel jugaron los genes y la evolución en el asunto? ¿Procede de la biología o de la cultura? Estas preguntas son esenciales a la hora de comprender qué es ser humano y tiene implicaciones fundamentales en la relación entre genes y cultura.
Según un estudio reciente de unos expertos de University College London el lenguaje habría evolucionado más bien culturalmente en lugar de biológicamente.

Según su estudio las adaptaciones genéticas necesarias para el lenguaje difícilmente podrían haber evolucionado por selección natural. La evolución cultural, sin embargo, sí que hubiera cambiado rápidamente esos genes. Por tanto, la maquinaria biológica sobre la que es construida el lenguaje humano parece ser anterior a la emergencia del propio lenguaje.
Según el efecto Baldwin las características que se aprenden o desarrollan en la vida pueden ser gradualmente codificadas en el genoma en el transcurso de las generaciones, porque los organismos con una fuerte predisposición a adquirir un determinado rasgo tienen una ventaja adaptativa. Conforme se suceden las generaciones la requerida exposición al ambiente, necesaria para el desarrollo del rasgo, disminuye y al final, eventualmente, no se necesita exposición ambiental para mantener el rasgo porque está ya codificado genéticamente.
Un ejemplo del efecto Baldwin es el desarrollo de callos en el esternón del avestruz. En un principio estos callos se desarrollaron en respuesta a la abrasión que sufre el animal cuando se sienta. La selección natural fue favoreciendo los animales que desarrollaban callos rápidamente en esa zona hasta que la formación del callo se dio durante el desarrollo embrionario sin necesidad de un ambiente externo.
En este estudio se exploran las circunstancias bajo las cuales un mecanismo evolutivo similar podría haber asimilado las propiedades del lenguaje, una teoría que es ampliamente apoyada por aquellos que dicen que existen los “genes del lenguaje”.
Los expertos de UCL modelaron las maneras en las que los genes que codificarían propiedades específicas del lenguaje habrían coevolucionado con el propio lenguaje. Según sus resultados estos genes sólo podrían haber coevolucionado en un ambiente lingüístico altamente estable. Por el contrario, un ambiente lingüístico cambiante no proporcionaría un “blanco estable” para que operase la selección natural. Por consiguiente, una dotación biológica no podría coevolucionar junto a propiedades del lenguaje que empezaran como convenciones culturales aprendidas, porque estas convenciones cambian más rápidamente que los genes.
Los autores concluyen que es difícil que los humanos posean un “módulo genético del lenguaje” que haya evolucionado por selección natural. Las bases genéticas del lenguaje humano debieron de aparecen antes de que se diera la emergencia del lenguaje.
Esta conclusión se refuerza por la observación de que semejantes adaptaciones genéticas se deberían de haber dado en el linaje humano de manera independiente según sus poblaciones se difundían desde África hacia el resto del mundo en los últimos 100.000 años. Si esto fuera así las poblaciones genéticas deberían de haber coevolucionado con sus propios grupos de lenguaje, dando lugar a una divergencia de módulos genéticos de lenguaje incompatibles entre sí, pero los lingüistas no han encontrado pruebas de ello. Como ejemplo de esto se puede mencionar a los aborígenes australianos, que vivieron aislados en su tierra durante 50.000 años y, sin embargo, aprendieron las lenguas europeas cuando llegaron los exploradores y colonos de Europa.
Aunque parece que tenemos cierta predisposición genética para el lenguaje, éste ha evolucionado mucho más rápidamente de lo que nuestros genes lo pueden hacer, lo que sugeriría que el lenguaje es modelado y dirigido por la cultura en lugar de por la biología.
Para ilustrar cómo el ambiente lingüístico está continuamente cambiando a una velocidad muy superior a la que lo puede hacer la genética basta citar las lenguas indoeuropeas, que divergieron en menos de 10.000 años. Según los modelos de estos investigadores los genes no pueden evolucionar tan rápido como para mantener un “blanco tan móvil”.
Por otro lado la coevolución entre genes y cultura sí puede darse. Como ejemplo se podría citar la tolerancia a la lactosa, que parece haber coevolucionado junto al consumo de lácteos y la ganadería.
Según las simulaciones de estos investigadores esta coevolución puede darse solamente cuando los cambios en el lenguaje están compensados por una presión genética muy fuerte. Bajo estas condiciones de extrema presión el lenguaje evoluciona rápidamente para reflejar una influencia preexistente, estén los genes sujetos o no a la selección natural. Por tanto la coevolución sólo se da cuando el lenguaje está casi enteramente codificado en los genes. Pequeños cambios en los genes pueden dirigir estructuras de lenguaje en cambio rápido, pero no al revés.
Entonces, ¿cómo apareció la gramática universal si no lo hizo por selección natural? El lenguaje podría haber surgido por evolución cultural y no como un producto de la adaptación biológica. Esto sería compatible con la idea de que el lenguaje aparecería a partir de alguna capacidad humana única como la inteligencia o capacidad social.

Fuentes y referencias:
Nota en UCL.
Artículo original (resumen).

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