20 enero 2009

Impacto evolutivo de la depredación humana

de NeoFronteras de

La pesca, caza y recolección realizada actualmente por el ser humano está cambiando el tamaño y reproducción de los organismos con imprevisibles consecuencias.

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Desde el bacalao del Atlántico a loto de las nieves del Himalaya, las especies naturales tratan de evolucionar a marchas forzadas para compensar su explotación por parte del ser humano. Según un estudio el ritmo de caza, pesca y recolección de especies está cambiando el tamaño y calendarios de cría de las mismas hasta tal punto que ya no se corresponden con el sistema natural. Los ecólogos dicen que esto señala claramente los errores que estamos cometiendo en la manera en que administramos las reservas pesqueras y otros recursos biológicos naturales, comprometiendo la capacidad de recuperación de poblaciones enteras.
Según Chris Darimont, de University of California en Santa Cruz, la depredación humana está acelerando el cambio en los rasgos observados en un 300% por encima de lo dado en sistema naturales y un 50% más rápido respecto a otros sistemas sujetos a otras influencias humanas como la contaminación.
Estos cambios no solamente son rápidos, sino que además son dramáticos en magnitud. Los individuos de las poblaciones recolectadas por humanos son, en promedio, un 20% más pequeños que en las generaciones previas y la edad a la que comienzan a reproducirse comienza un 25% antes.
Estos organismos son los seres que más rápidamente están cambiando en el mundo natural debido a que tomamos una alta proporción de su población y escogemos los de mayor tamaño. Es una receta perfecta para un cambio evolutivo rápido en estas especies.
Este estudio es el primero en calcular el cambio evolutivo de las especies recolectadas con fines comerciales y lo compara con el ritmo natural. Está basado en un meta-análisis de 34 estudios que analizan 29 especies en un total de 40 sistemas geográficos. La mayor parte está centrado en las poblaciones de peces, pero también se incluyen invertebrados como ciertos moluscos marinos, el caribú y algunas plantas (el loto de nieve del Himalaya y el ginseng americano). El equipo de investigadores comparó el ritmo de cambio estas especies pescadas, cazadas o recolectadas por el ser humano con el ritmo de cambio observado en las especies de las Islas galápagos, que no están expuestas a la explotación humana.
La depredación humana, al recolectar un vasto número de individuos y centrarse en los más grandes (individuos maduros en edad reproductiva), está cambiando rápidamente las poblaciones silvestres que quedan, dejando los individuos más pequeños e inmaduros que tienen que reproducirse a edades cada vez más tempranas.
Se sabe desde hace tiempo que las reservas pesqueras están al borde del colapso, pero no se trata solamente de la cantidad de peces que pescamos, sino además, y según este estudio, de los peces que quedan, cuya esencia estamos cambiando, en algunos casos, en sólo dos décadas.
Es una pena que no sepamos o no queramos administrar nuestros recursos pesqueros. Bien administrados podrían proporcionarnos una buena cantidad de pescado de manera sostenible. Países como China han multiplicado varias veces su consumo de pescado durante los últimos años y los que tradicionalmente explotaban este recurso lo hacen todavía más, a veces con artes de pesca o sistemas de explotación del todo inmorales (redes de arrastre, cianuro, dinamita…). Por otro lado las piscifactorias consumen ingentes cantidades de harina de pescado, por lo que tampoco son la solución.
Darimont afirma que los cambios observados son de lejos mucho más importantes que los naturales, incluso en sistemas ya alterados por el ser humano. Somos el superdepredador de este planeta y la fuerza evolutiva dominante.
Estos cambios están ocurriendo en lapso de tiempo de nuestra vida. La pesca y caza que realizamos está despertando la habilidad latente de los organismos de cambiar rápidamente. Como información positiva, y gracias a esto, se amplia la comprensión que tenemos sobre la capacidad de cambio de los organismos.
Algunos de estos cambios son cambios genéticos irreversibles que pasan de una generación a la siguiente. Así por ejemplo, los peces pequeños que pasen por los agujeros de la red de pesca serán seleccionados, siendo los que sobrevivirán y reproducirán, por lo que su proporción dentro de la población aumentará en el tiempo. Aunque la explotación cesara no se recuperaría el estado original.
Otros cambios son reversibles y las poblaciones, por tanto, tienen cierta plasticidad en estos aspectos. Así por ejemplo, la reproducción se puede adelantar debido a la abundancia de comida compartida al ser los peces más pequeños. Estos otros cambios se invertirían si la explotación cesara.
Se podría mencionar como ejemplo el bacalao (Gadus morhua) de la costa atlántica canadiense, que ha sido devastado por la sobrepesca y ahora estos peces empiezan a reproducir a una edad promedio de cinco años, cuando antes lo hacían a los seis, y tienen un tamaño mucho menor que antes. Este cambio se ha dado en solo dos décadas.
Irónicamente algunas políticas de administración de estos recursos contribuyen a estos cambios. Así por ejemplo, la masa corporal de los carneros salvajes de Alberta (Canadá) ha disminuido un 20% en los últimos 30 años, debido a que está permitido cazar los individuos de gran tamaño.
El impacto del ser humano es el más amplio porque depredamos cientos o miles de especies, a diferencia de, por ejemplo, los lobos, que cazan sólo unas 20 especies.
Darimont recuerda que el tamaño importa en términos de interacción con los depredadores naturales, aunque los investigadores no saben cómo impactarán estos cambios rápidos en los ecosistemas.
Darimont hace un llamamiento a los administradores de estos recursos para que se imite a los depredadores naturales, que toman menos y escogen individuos más pequeños. La pesca comercial toma la mitad de la población cada año, mientras que los depredadores naturales sólo toman el 10%. También hace un llamamiento a los consumidores para que compren menos productos del mar. De otro modo pronostica que a este ritmo la industria pesquera desaparecerá por falta de peces.

Foto cabecera: Andrew Hendry.

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