17 mayo 2009

Mujeres y azúcar: Atracción fatal

Existen razones fisiológicas y culturales que hacen que lo dulce sea más atractivo para las mujeres que para los hombres.
Sofía Beuchat, para revista Mujer - 17/05/2009

Qué suerte tienen los hombres. Su piel se arruga más lento, su cuerpo está genéticamente programado para asimilar menos grasa y casi no saben del sufrimiento que implica tener celulitis. Además, resisten, mucho mejor que las mujeres, la tentación de comerse ese chocolate guardado en el cajón del velador, picotear galletas en la oficina a las 11 de la mañana o cucharear manjar hasta que la guata duela. Todas cosas que las mujeres, culposas, solemos hacer bastante más seguido de lo que nos atrevemos a confesar.

“Apenas entran a mi consulta, la mayoría de las mujeres me pide que por favor no elimine el chocolate de sus vidas”, cuenta Alejandra Alarcón, nutricionista del Centro de Tratamiento de la Obesidad San Jorge, de la UC. “Los hombres, en cambio, por lo general ni se acuerdan de él. Ellos tienen otros duelos. Cuando revisamos por qué han vuelto a engordar personas que habían adelgazado, en las mujeres la culpa es casi siempre de dos alimentos que consumieron en exceso: el chocolate y los helados. En los hombres, en cambio, el responsable principal es el alcohol”.

Hay estadísticas que le dan la razón. Según un estudio realizado en el año 2007 por la empresa británica de chocolates Cadbury, más de la mitad de las mujeres inglesas de entre 18 y 50 años considera más placentero comer chocolate que tener sexo. En la misma línea, el doctor David Lewis, de la Universidad de Sussex, Inglaterra, logró confirmar que, para las mujeres, sentir cómo se derrite un trozo de chocolate en la boca genera una sensación de placer hasta cuatro veces más intensa y duradera que el efecto de un beso apasionado. Y la nutricionista inglesa Debra Waterhouse obtuvo conclusiones similares al entrevistar a cientos de féminas para su libro superventas Por Qué las Mujeres Necesitan Chocolate, editado en 1998.

¿Por qué será que tenemos estas diferencias? ¿No es el dulce igual de rico para los paladares de ambos sexos? Según los especialistas, no. Existen razones fisiológicas y culturales que hacen que el azúcar sea más atractivo para el género femenino.

EN ESOS DIAS

Cuando se rompe una piñata en un cumpleaños infantil, niños y niñas se pegan codazos para tratar de conseguir hasta el último dulce. A esa edad, el azúcar es un bien apreciado entre ambos sexos por igual. Sólo al llegar la adolescencia comienzan a verse diferencias. Mientras ellas se engolosinan con las tortas, para ellos no hay nada mejor que una hamburguesa con papas fritas. Y tras este cambio están las hormonas.

Durante los ciclos menstruales, el cuerpo experimenta transformaciones que inciden en nuestro estado de ánimo. Nos sentimos más tristes, con menos energía, y el horizonte se ve negro aunque haya un sol radiante. Fantaseamos con la idea de que un chocolate nos hará sentir mejor y no nos equivocamos, porque, según explica en su blog el doctor Víctor Perl (especialista en nutrición y creador de La Biodieta), el cacao tiene beneficios insospechados.

“El consumo de chocolate produce una modulación del ánimo, porque aumenta los niveles de dos sustancias químicas que actúan en el cerebro: la serotonina y la feniletilamina”, apunta. “La serotonina es un neurotransmisor, una especie de `hormona cerebral`, que entre sus funciones tiene el mejorar el ánimo. Resulta interesante el hecho de que el mecanismo de acción de la mayoría de los antidepresivos modernos es, precisamente, aumentar el nivel de serotonina. La feniletilamina es un estimulante cerebral, responsable de la sensación de placer que se produce al comer chocolates”. Un estimulante que se relaciona con la liberación de endorfinas, las hormonas asociadas con la sensación de placer.

Además, según acota la nutricionista Alarcón, en los días que rodean la llegada del ciclo menstrual se reducen los niveles de magnesio en el cuerpo. Este metal ligero y maleable, que también incide en el equilibrio anímico, abunda en el chocolate. Por eso, su consumo levanta el espíritu. Además, como tiene un poco de cafeína, se considera un alimento estimulante.

Pero no se trata sólo de cacao. En esos días también sentimos ganas de tragar, por ejemplo, un plato enorme de tallarines. Repentinamente, los carbohidratos se vuelven sumamente seductores y nos comeríamos un camión de galletas. Esto se debe a que en los días previos a la llegada de la regla se produce una hipoglicemia, lo que significa que los niveles de azúcar bajan. Con hipoglicemia el organismo se siente sin energía, como si lo hubieran desenchufado. A la mente le cuesta concentrarse, estar alerta. Y los dulces son lo primero que tenemos a mano para recuperar la vitalidad perdida. Cosa que ocurre en forma muy rápida, porque la sangre absorbe azúcar refinada a una velocidad alta.

Entonces, eso de que “el cuerpo pide azúcar” es cierto, pero sólo para algunos días. “Los dos que anteceden al ciclo y los dos primeros de regla”, puntualiza la nutricionista. ¿Y el resto del mes, qué?

PROZAC VEGETAL

“Si bien es verdad que el chocolate y los dulces suben el ánimo, la gente tiende a sobredimensionar sus beneficios. Por eso los consume tanto, incluso cuando la sensación de bajón no tiene causa fisiológica y no existe una real carencia de azúcar. Simplemente, se acuerdan de lo bien que se sintieron una vez que comieron dulce y vuelven a hacerlo después”, aclara Alejandra Alarcón.

La costumbre de buscar refugio para las penas y malestares anímicos es tan alta que algunos especialistas aseguran que el dulce, sin tener sustancias adictivas propiamente tales, funciona como una droga milagrosa. Tanto así, que se ha llegado a afirmar que el cacao es una suerte de Prozac vegetal.

El hecho de que las mujeres sucumbamos ante el azúcar con más fuerza que los hombres tiene que ver también con nuestros hábitos alimentarios. Según ha observado la nutricionista en su consulta, nosotras nos premiamos y castigamos con comida mucho más que ellos, para quienes hacer deporte puede ser la mejor gratificación. Además, ellos pecan al comer grandes porciones –¿cuánta carne pueden comer en un asado bien regado?–, pero nosotras somos las reinas del picoteo y eso puede ser mucho más grave cuando se necesita controlar el peso.

“Como las mujeres estamos siempre cuidándonos, nos restringimos mucho a la hora de almuerzo. En un restaurante pedimos la típica ensaladita César; en la oficina, muchas veces, simplemente nos saltamos el almuerzo, apuradas porque tenemos que ir a buscar a los niños al colegio. Eso es algo que los hombres nunca hacen: aunque estén siguiendo la más estricta de las dietas, siempre comen a mediodía. Estos largos períodos que las mujeres pasamos sin comer hacen que baje el azúcar en el cuerpo, produciendo la misma ansia de dulce que se produce en la etapa premenstrual y que nos hace soñar con algo dulce”, explica la nutricionista.

La gran exigencia a la que están sometidas hoy las mujeres adultas también nos incentiva a comer más azúcar que los hombres. Nos sentimos tan sobrepasadas por la doble jornada –el trabajo en la oficina y en la casa– que la idea de comer algo dulce nos ronda, a veces, obsesivamente. Es nuestro mecanismo de compensación frente a la falta de válvulas de escape.

“No se trata sólo de que todavía tengamos más responsabilidades en lo doméstico que nuestras parejas; también afecta el hecho de que somos más contenidas; como que tenemos la obligación de ser ‘bien portadas’. Los hombres gritan, van al estadio, se enojan… en nuestra cultura, tienen muchos más permisos para botar energía”, puntualiza Alejandra. Nosotras, en cambio, nos ponemos ansiosas y buscamos la sensación pasajera de relajo y placer que nos da una caluga o ese resto de postre que queda en el refrigerador.

En un contexto económico como el actual, todo esto se potencia. Porque, en lugar de salir a comer y gastar dinero en restaurantes de lujo, las personas prefieren gratificarse comiendo “cosas ricas” y relativamente económicas, como una barra de chocolate, en su casa. Esto ha sido bautizado por las consultoras en investigaciones de mercado como “efecto cocoon” (crisálida). Según un artículo publicado por The New York Times, la industria de golosinas ha disparado sus ventas en Estados Unidos, pese a la recesión. Locales pequeños registran incrementos de hasta un 80 por ciento, mientras que marcas como Hershey´s hablan de un 8,5 por ciento y Cadbury, un 30 por ciento. Llevar esas cifras a un país como el nuestro, donde el consumo de chocolate es de 2,3 kilos por persona, arrojaría cifras impresionantes.

EL PESO BAJO CONTROL

Todo esto no es excusa para tragar dulces a destajo, porque entonces se corre el riesgo de engordar y eso es malo para la autoestima, la estética y la salud. En el cuerpo, el azúcar se asimila en forma de grasa y no es fácil sacarla de ahí. Pero hay buenas noticias. Según Alejandra Alarcón, es perfectamente posible comer chocolate y mantener a raya el peso. Ella incluso lo recomienda en muchos casos, aunque se trate de personas francamente obesas.

“En una persona de peso normal, comer 150 gramos de chocolate a la semana no afecta en nada. Tampoco hay riesgo si te comes un cuadradito al día, incluso cuando se está en un plan para bajar de peso. A veces prohibirlo es peor, porque genera más ansias por comerlo. He tenido pacientes que se comían dos barras diarias y les cambiaba tanto el genio cuando lo dejaban, que lo recomendable en su caso no era eliminar el chocolate de la dieta, sino bajar la dosis. Pero si se trata de un paciente de personalidad adictiva, no es aconsejable, porque no va a poder parar hasta comerse la barra entera”, explica.

La nutricionista sugiere analizar, antes de comer, cuál es la razón que nos lleva a querer abrir una barra de chocolate. Si lo que se busca es su acción estimulante, lo adecuado es optar por chocolate amargo, que tenga como mínimo un 40 por ciento de cacao. El chocolate de leche tiene menos cacao, que es lo que de verdad estimula, y el blanco tiene demasiada manteca. En cambio, si lo que se anhela es el sabor a chocolate, lo mejor es optar por productos light: yogures, cereales, galletones. Existen muchas barras de chocolate sin azúcar, pero de ellas no se puede abusar porque tienen mucha grasa. Lo ideal es tomar una taza de leche chocolatada descremada y sin azúcar, caliente en invierno. Sólo tiene 70 calorías.

Estos últimos productos, claro, no suplen la necesidad real de azúcar que surge con una hipoglicemia, pero sí logran hacer que nos sintamos mejor, con más ánimo, más despiertas y con menos ansiedad.

Con los dulces hay que tener más cuidado. Lo que el cuerpo necesita son hidratos de carbono, no azúcar propiamente tal y menos de la refinada, que sólo aporta calorías y sabor. En rigor, entre el 50 y el 60 por ciento de la dieta diaria debiera estar formado por estos hidratos, que el cerebro no puede obtener de las reservas corporales sino sólo a través de la dieta. Lo deseable es que estos carbohidratos provengan de fuentes que además aporten vitaminas, minerales o fibra. Para eso existen los fideos, las papas, el pan, los cereales, la fruta, los granos, las legumbres. Por suerte, hay bastante donde elegir.

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