08 junio 2010

Felipe Berrios

Sorpresa causó hace casi un año la noticia de que el sacerdote Felipe Berríos, una de las figuras más reconocidas de la Iglesia Católica chilena, tanto por su labor como capellán de Un Techo para Chile como por sus intervenciones públicas, abandonaría el país y viajaría a Burundi a colaborar en las misiones que los jesuitas tienen en Africa. A casi 15 meses de haber tomado esa decisión y 11 después de hacerla pública, el sacerdote parte finalmente a Bujumbura, capital de Burundi, donde calcula que permanecerá varios meses, antes de iniciar su labor en terreno en uno de los países más pobres y conflictivos del mundo.
Desde su independencia de Bélgica en 1962, Burundi ha sido escenario de violentos enfrentamientos raciales entre tutsis y hutus. Incluso, el asesinato en 1994 del Presidente del país, Cyprien Ntaryamira, y su par de Ruanda, Juvenal Habyarimana, fue el detonante del genocidio de tutsis en ese último país. Desde el cese del fuego en 2003, Burundi intenta recuperar la calma, a pesar de sus múltiples problemas. Hoy, más del 68% de la población es pobre y cerca de un 10% padece de sida. Los jesuitas trabajan allí en los campos de refugiados y planean construir una escuela agrícola. Allí trabajará el sacerdote Berríos, quien, antes de partir, conversó con La Tercera.
-En estos años usted ha provocado varios debates, ¿cuál es el concepto que le trajo más problemas?
Lo que me ha traído más problemas es la pérdida de la idea de que en la Iglesia Católica hay cosas opinables y de que es posible, con respeto, sustentar opiniones divergentes en temas como el uso del condón o el trato a los divorciados o a los homosexuales.
-¿Tuvo un problema concreto en alguna oportunidad con la jerarquía de la Iglesia?
Sí, tuve un problema cuando dije que debíamos educarnos y educar a los jóvenes en una sexualidad responsable, pero que si, a pesar de eso, un joven era incapaz de contenerse e iba a tener relaciones sexuales, tenía la obligación moral de usar condón. Me mandaron llamar los obispos que estaban reunidos en la conferencia episcopal y tuvimos un diálogo bastante interesante, donde ellos me dijeron que no era prudente, porque podía entenderse que se permitía usar el condón. Y yo respondí que decir que no tampoco era prudente, porque a veces era necesario usarlo.
-En Chile, la Iglesia chilena enfrenta un momento importante por dos factores: está por salir la sentencia del caso Karadima y estamos ad portas de un cambio importante en el Arzobispado de Santiago. ¿Cuál es su opinión frente a esos temas?
En el primero, voy a emitir un juicio por lo que me he informado por la prensa. Judicialmente, no creo que avance mucho más la cosa. Sí va a ser más dura la sanción eclesiástica. Hay tres cosas muy graves. La primera, la actuación impropia de un sacerdote. La segunda, el uso de algo tan importante para la Iglesia como es el acompañamiento espiritual y usarlo como método de coerción y dominio de la conciencia. Y tercero, que se haya sabido información que se dio como parte del secreto de un sumario dentro de la Iglesia.
-¿Tiene entonces la convicción de que la Iglesia va a sancionar al padre Karadima?
Si se comprueban las denuncias, como dijo el sacerdote Kast y otros, creo que debe haber una sanción muy ejemplar para el padre Karadima y para la iglesia de El Bosque.
-Se nombran actualmente entre los candidatos a suceder al cardenal Francisco Javier Errázuriz en el Arzobispado de Santiago, al obispo Alejandro Goic y al obispo Ricardo Ezzati. También se menciona al obispo Juan Ignacio González de San Bernardo...
Yo agregaría al arzobispo Pablo Lizama.
-Los jesuitas y el Opus Dei no han tenido una relación muy armónica. ¿Cómo ve una eventual designación de monseñor González como arzobispo de Santiago?
Yo hago una distinción. El Opus Dei es un movimiento reconocido de la Iglesia Católica y yo no tendría inconveniente que hubiera un arzobispo del Opus Dei. Pero en el caso particular de monseñor González, a mí no me parece que sea la persona más adecuada para ser arzobispo de Santiago. Nosotros requerimos hoy de un obispo que aglutine a la Iglesia Católica, que convoque a distintos sectores, que provoque la unidad, y monseñor González no es el adecuado. El trabajó con Sergio Rillón en la oficina que tenía la dictadura de nexo con la Iglesia Católica, pero que no era de nexo, sino de entrega de información y produjo mucho daño en esos tiempos difíciles.
-¿Los arzobispos Ezzati, Goic y Lizama reúnen esos requisitos? ¿Cuál prefiere?
Cualquiera de ellos tendría el peso, la convocatoria, para que se sientan bien los distintos sectores dentro de la Iglesia Católica.
-¿Cree que hasta ahora la Iglesia chilena ha enfrentado adecuadamente la crisis?
Me habría gustado una actitud más como la del Papa, con un lenguaje más categórico.
-Pero monseñor Goic hizo una declaración donde pidió perdón y llamó a denunciar los casos. 
Sí, claro, pero yo esperaría más. Esto ha golpeado a la gente. Yo esperaría más obispos en los medios de comunicación, que se expusieran a la prensa, que no la vieran como enemiga. Entiendo que el silencio puede ser prudencial, pero a veces, lo prudencial huele a que no le están dando la importancia que tiene el asunto o están queriendo echarle tierra.
-Se ha visto una diferencia en cómo se está manejando ahora el tema de los abusos en relación con el papado anterior. ¿Por qué cree que Juan Pablo II no actuó con la misma actitud que Benedicto XVI?
No me atrevería a opinar, porque sería especular, pero obviamente, Juan Pablo II no tuvo la actitud que ha tenido Benedicto XVI para enfrentar casos como, por ejemplo, el de Marcial Maciel. No podemos decir que Juan Pablo II no tuviera idea. No sabemos cuánto conocía, pero no puede no haber sabido nada. Y por último, por qué no investigó, si mal que mal no era un simple sacerdote, era el fundador de una congregación. Ahora, ¿por qué no fue Juan Pablo II más duro en esa materia? No tengo idea, no me toca a mí juzgarlo.
-Los jesuitas vivieron momentos complicados durante el pontificado de Juan Pablo II. ¿Cree que ahora, con Benedicto XVI, están recuperando influencia?
Todas las espiritualidades que abogaban por mayor diversidad y pluralidad, tuvimos ciertos problemas durante el papado de Juan Pablo II. El venía de una Iglesia más monolítica, donde la diversidad se veía como debilidad. En ese sentido, este Papa ve más la diversidad como fortaleza.
-¿El fortalecimiento en Chile de movimientos como el Opus Dei se produjo en el momento en que la elite se sintió abandonada por la Iglesia que ustedes representaban?
Creo que puede haber una cuota de responsabilidad, en el sentido de que nosotros tal vez no los hicimos sentirse acogidos. Ahora es difícil, porque a veces uno toma determinaciones y, sin quererlo, las personas se sienten criticadas. Cuando el colegio San Ignacio decidió hacer matrícula diferencial, para que entraran personas de distintos niveles socioeconómicos, esa gente se sintió desamparada. Y una gran mayoría se fue a colegios del Opus.
-¿Cuáles son los principales motivos de su partida a Burundi?
Es difícil explicar, en una sociedad que cada vez cree menos en lo gratuito, algo que es gratuito.
-Pero tiene que haber también una motivación.
Yo estuve tres años en Tanzania. Iba a quedarme allá. Quedé profundamente marcado y siempre tuve la idea de volver. Ahora, racionalmente, sentía que el Techo para Chile estaba maduro y que no era bueno identificar demasiado una institución con una persona. Pero lo que pasó fue una cosa muy simple: un llamado por teléfono de una persona que me dijo acuérdate, hoy cumples 20 años de sacerdote. Pasé el día común y corriente y al momento de acostarme me di cuenta de que era un sacerdote feliz y era el momento, estaba en la edad. Cumplo 54 a fines de año.
-¿No coincidió la decisión con un momento en que estaba recibiendo muchas críticas de sectores de la Iglesia?
Para nada. Ese habría sido motivo para quedarme.
-¿Cuál va a ser su rutina en Africa?
Me he informado muy poco. Llego a Bujumbura, la capital de Burundi, y ahí voy a estar un tiempo. Va a ser el período más duro que calculo durará un año, porque voy a estar dependiendo de otra gente mientras aprendo el idioma. La idea es que me vaya yendo a meter poco a poco a las afueras de la capital, donde están los campos de refugiados. Los jesuitas quieren hacer ahí una escuela agrícola.
-¿Cuántos años cree que va a estar fuera?
No tengo límites. Voy como si fuera a quedarme para siempre.

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