22 septiembre 2008

Niños también usan agresión sicológica para ajustar cuentas con sus pares

Este tipo de violencia se creía exclusiva de las niñas, pero una revisión de 148 estudios demuestra que ellos también usan las conductas encubiertas y las habladurías para dañar a sus rivales.

Golpes y puñetazos parecen ser los medios preferidos de niños y adolescentes varones para resolver disputas, mientras que ellas son más dadas a esparcir rumores y comentarios tóxicos al momento de ajustar cuentas. Al menos hasta ahora, estos estereotipos eran los más difundidos y tomados como verdaderos por profesores, padres e, incluso, los propios investigadores que se dedican a estudiar la conducta de los menores.

Ahora, un estudio realizado por las universidades de Carolina del Norte y de Kansas que se publica en la revista Child Development, desmiente esta diferencia de conductas. Si bien se corrobora que la agresión física es más propia de los niños, la agresión indirecta o social es tan usada por ellas como por ellos.

"Estas conclusiones desafían este error conceptual tan popular que asocia la agresión indirecta a una forma femenina de agresión", explica Noel Card, profesor asistente de estudios de familia y desarrollo humano de la U. de Arizona e investigador principal.

El análisis de 148 estudios, el que involucra a 74 mil niños, niñas y adolescentes realizado principalmente en escuelas, observa ambas agresiones: la directa o física y la indirecta o relacional. Esta última consiste en comportamientos disimulados que buscan dañar la red social de la otra persona, provocándole problemas con su grupo de pares. "Podemos concluir que la agresión indirecta no es una 'forma femenina' de agresión", advierte el estudio.

Esto se mantiene constante a través de la edad, los países y la etnicidad.

PROBLEMAS DE CONDUCTA
Durante el trabajo que fue financiado en parte por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, los investigadores se dieron cuenta de que cuando un menor manifiesta una forma de agresión se ve inclinado a expresar también la otra, lo cual es más probable que suceda en los niños que en las niñas.

Asimismo, encontraron una fuerte asociación entre cualquiera de ambas formas de agresión y ciertos problemas de adaptación.

Así, la agresión directa se relaciona con problemas como la delincuencia, síntomas de déficit atencional con hiperactividad, una relación pobre con los pares y una conducta prosocial de mala calidad respecto de compartir y ayudar a los demás.

Por otra parte, la agresión indirecta se relaciona a problemas como la depresión y la baja autoestima, aunque con una conducta prosocial de buena calidad, quizás porque en este caso los niños y niñas usan estas habilidades para alentar a sus pares a que excluyan al rival o para chismorrear acerca de los demás.

LIMITACIONES
En el estudio se explica que existen factores que pueden alterar en cierta forma los resultados, aunque no de manera significativa. Entre estos elementos está la fuente de información usada en los distintos trabajos.

En algunos de ellos, los investigadores entrevistaron a los propios menores -tanto agresores como compañeros-, además de profesores y padres. Lo cierto es que la información escolar de primera mano la tienen los profesores y los alumnos, mientras que los padres pueden ser más fiables en hechos de violencia ourridos en el hogar o el vecindario. Pese a esto, los investigadores tienden a creerles más a los profesores y padres y no a los escolares.

La recomendación es que se necesitan más estudios en que el investigador tenga un papel de observador directo de los hechos. También es aconsejable ampliar la edad estudiada, más allá de la adolescencia, y tener una mejor descripción del contexto en que ocurren las agresiones.

No hay comentarios.: